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martes, 18 de septiembre de 2012

Estrés y síndrome metabólico ¿están relacionados?


Estrés y síndrome metabólico: epidemias del S. XXI



Parece que nuestra vida está programada genéticamente y que todos estamos predestinados a nuestro final, independientemente de los hábitos de vida que llevemos. Si esto fuese así, la medicina preventiva, como es la medicina biológica, no tendría ningún sentido. Aunque todos conocemos longevos que han llevado malos hábitos de salud, siempre hay algo en el entorno que ha contribuido a esa longevidad (aire, agua, vivencias) y casi siempre ha habido una vida emocionalmente rica y falta de estrés.


La actual situación económica, el estrés psicoemocional, el estrés fisiológico producen en la población una tendencia al hipercortisolismo crónico (aumento de cortisol mantenido). Suelen acudir a la consulta por un aumento progresivo de peso y aunque se han sometido a múltiples tratamientos, no han obtenido el resultado esperado.

En pacientes con tasas elevadas de cortisol debido al estrés suelen presentarse signos y síntomas de síndrome metabólico: aumento de azúcar con resistencia a la insulina, hipertensión arterial, aumentos de colesterol y triglicéridos, aumento de grasa abdominal y sobrepeso, marcadores de inflamación. Es decir, todos los factores de riesgo para desarrollar enfermedad cardiovascular.

En hombres perímetros abdominales >100-105 y en mujeres >80-85, aumentan la posibilidad de desarrollar un síndrome metabólico.
Y, paradójicamente, en ocasiones, los resultados con ejercicio y dieta no son los esperados!

¿Por qué el estrés crónico puede causar un síndrome metabólico?
El sistema nervioso simpático libera adrenalina y noradrenalina que aceleran el ritmo cardíaco, la tensión arterial y aumentan el flujo de oxígeno al cerebro y los músculos ante una situación amenazante o de estrés. El eje neuroendocrino hipotálamo-hipófisis-suprarrenal aumenta la síntesis de CORTISOL y moviliza la GLUCOSA, nutriente esencial del cerebro y el músculo. Pero cuando esta situación de estrés se cronifica, es decir, permanece aún habiendo desaparecido la situación de miedo o peligro y deja la sombra de la ansiedad crónica, esto puede desequilibrar el sistema emocional, hormonal y cardiovascular.
Hay tres áreas cerebrales donde actúa el estrés:
-          El cortex prefrontal: que libera el neurotransmisor dopamina. Encargado de procesar la información, el lenguaje y el aprendizaje.
-          El hipocampo: donde se procesa la memoria a largo plazo y se analiza emocionalmente la información que concierne al factor estresante.
-          El cuerpo estriado: donde se fijan los aspectos emocionales de la experiencia.

Como consecuencia de una situación mantenida de estrés, el exceso de cortisol va a deteriorar la función cognitiva, causando pérdida de memoria y un exceso de glucemia a nivel sistémico (por resistencia a la respuesta insulínica) causante del aumento de peso y grasa abdominal y, paradójicamente un déficit de glucosa a nivel cerebral con disminución de neurotransmisores (serotonina, dopamina, noradrenalina, acetilcolina) y una disregulación del eje endocrino, productor de hormonas y vínculo principal entre mente y cuerpo. La bioquímica de nuestro cerebro en una situación de estrés crónica va a ser la causa de modificaciones hormonales que a su vez van a influir en el control emocional de la persona que padece estrés crónico: existe una unidad indivisible mente- cuerpo. No podemos disociar los síntomas físicos de los factores emocionales. Nuestros tratamientos son holísticos mente-cuerpo.

“Dra, a mí los nervios me engordan, porque comer, comer, no es que coma mucho...”
Al alterarse el control del centro regulador del apetito a nivel central, en el hipotálamo, que es el que sintetiza los precursores hormonales y está relacionado con el sistema nervioso simpático (adrenérgico) va ha haber una hiperfagia o mayor pulsión por los alimentos, especialmente los hidratos de carbono de índice glucémico más elevado, que son los que más engordan, y una disregulación del tracto digestivo, del páncreas (insulina), de las suprarrenales (cortisol), del tejido adiposo (aumento de grasa abdominal) y de los músculos, todo ello controlado por el sistema nervioso autónomo o vegetativo. Como decía, cuando el hipotálamo se disregula, empieza a haber resistencia a la insulina y aumento de glucosa que se va a acumular en forma de grasa en los adipocitos y una cascada de fenómenos entre los cuales se encuentra un descenso del metabolismo basal con aumento progresivo de peso que llevará a un síndrome metabólico.

“Dra. que tengo todos los números, mi madre diabética y mi padre infarto de miocardio”
Qué es más importante, la epigenética o la nutrigenómica? Sí controlamos el exceso de cortisol con fitoterapia, terapia ortomolecular, medidas de gestión del estrés y modificamos hábitos de vida como alimentación sana y ejercicio físico regular, podemos prevenir el síndrome metabólico aunque estemos genéticamente sentenciados.


Las medidas correctoras del estrés, como el resto de la terapia, ha de ser absolutamente personalizadas, no podemos protocolizar a nuestros pacientes, cada uno ha de encontrar su camino:
-          El ejercicio aeróbico: desarrolla el hipocampo cerebral y favorece los procesos de aprendizaje y memoria, aumentando el rendimiento intelectual. Al “oxigenar” nuestro cerebro, favorecemos las conexiones neuronales. Bailar es un método divertido de hacer ejercicio. La neuroplasticidad neuronal que se produce durante la ejecución del baile o una coreografía es similar a la que se produce al realizar una operación mental.
-          Yoga: enseña a respirar. La práctica del pragnayama o ejercicios respiratorios como la respiración de fuego en yoga Kundalini ayudan a “oxigenar” el cerebro, nos cargan de energía y controlan el estrés.
-          Correr: sabemos que la bioquímica del cerebro cambia después de 10 min. de running, liberamos dopamina y norepinefrina en períodos más cortos de ejercicio.
-          Musicoterapia: es un bálsamo para el cerebro.

Una vez hemos encaminado a nuestros pacientes a encontrar su vía personal de gestión del estrés, vemos cómo enfocar el tratamiento ortomolecular dependiendo de los resultados analíticos (aminoacidograma, neurotransmisores y sus metabolitos en orina de 12 h., cortisol en saliva...) de cada uno. Con tratamiento ortomolecular podemos dar precursores de los neurotransmisores alterados:


El estrés crónico y el envejecimiento precoz que produce causan déficit de serotonina que se traduce en trastornos de humor, aumento de ansiedad y agresividad, problemas de atención, tendencia a ala compulsión alimentaria y picoteo, déficit de melatonina y trastornos de sueño. Cuando normalizamos los niveles de serotonina lo hacen el humor y la capacidad de sentir placer por las cosas cotidianas y regulamos la sensibilidad al dolor. La regulación de los niveles de noradrenalina, modula la respuesta al estrés, el humor y aumenta la función cognitiva (atención-concentración-aprendizaje)
Al regular los niveles de dopamina, neurotransmisor clave en la motivación, lo hace la atención y se tonifica al sistema nervioso.
La normalización de Acetilcolina, neurotransmisor clave en las emociones del sexo y en la memoria y procesos de aprendizaje, hace que la función cognitiva mejore así como la coordinación muscular.
Vemos que la regulación del cortisol (estrés) va a regular el nivel de neurotransmisores, claves en el control del sistema endocrino. Por eso las personas expuestas a estrés crónico tienen disminuidas las funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje, duermen mal y, además, aumentan de peso, siendo más vulnerables, también, a las infecciones porque el sistema inmune está sometido a la misma regulación central.
Una vez tenemos el diagnóstico de estrés crónico y apoyándonos en los datos analíticos y en la historia de vida del paciente, que comprende su historia clínica y su trayectoria
vital (incluyendo las “huellas” emocionales y el entorno), le proponemos una actuación terapéutica personalizada, en la que él/ella van a ser los protagonistas: no se trata de que dejen en nuestras manos su enfermedad, sino de que “juntos”, ellos y yo, abordemos su salud.

Terapia ortomolecular, sí, pero personalizada.


Si sospechamos que el cortisol ha provocado un estado inflamatorio neuronal, los ácidos grasos omega 3, son imprescindibles. El mantenimiento de los lípidos de las membranas del tejido neuronal es necesario para una correcta neurotransmisión.
Según sea el perfil de aminoácidos que obtenemos en los estudios analíticos, pautaremos los aminoácidos deficitarios: isoleucina y valina para la síntesis de Tirosina (precursor de Dopamina y Noradrenalina), catecolaminas de buen estado anímico. Triptófano para la síntesis de Serotonina (y melatonina, reguladora del sueño).
Magnesio en forma de quelatos para regular el equilibrio ácido-base, el estado de tensión muscular y la hiperactividad nerviosa. En ocasiones debemos asociarlo a Zinc, Cobre y Manganeso (oligoelementos antioxidantes) o a Cromo (hiperglucemia y pulsiones azucaradas).
Las vitaminas del grupo B: B1 precursor de acetilcolina (atención y memoria), B9 para la fatiga intelectual (síntesis de GABA y Serotonina), B12 para mantener un  cerebro dinámico.


Me confieso enamorada del extracto de Ginkgo Biloba para el deterioro de la función cognitiva causado por el estrés o problemas circulatorios cerebrales. Es un fitofármaco que utilizo en tratamientos antiaging y en pacientes sujetos a estrés crónico porque mejora los niveles de cortisol y normaliza el de los neurotransmisores. Avalado por numerosos estudios científicos, se ha demostrado que sus componentes Kaempferol, quercetina e Isorhamnetiona  actúan a nivel de Córtex prefrontal y mejoran la memoria a corto plazo, A nivel de Hipocampo mejorando la memoria a largo plazo y sobre el cuerpo estriado mejorando la atención y los efectos del estrés. Produce un reequilibrio emocional, y permite tratamientos prolongados  y seguros cuando está bien indicado siendo para mí muy útil en pacientes preocupados por mantener la función cognitiva en tratamientos preventivos que persiguen conseguir una madurez saludable.


Conclusión:
Estamos ante una población que ha ido aumentando su esperanza de vida, pero que ha cronificado patologías, que lleva una vida sedentaria y una alimentación inadecuada y que sufre estrés de modo crónico. Son pacientes que nos llegan polimedicados, y entre los fármacos que más gastan,  los psicotropos.
Afortunadamente una nueva ola de población a la que preocupa no el añadir años a la vida, sino vida a los años y quieren vivirlos con calidad, que buscan una medicina preventiva y más natural y personalizada, que prefieren la fitoterapia, la terapia ortomolecular y que se preocupan por la dietética y que entienden que “somos lo que comemos” y aceptan que “el primer medicamento ha de ser nuestro alimento”, está surgiendo. Para ellos la gestión del estrés, la alimentación, el ejercicio físico moderado pero constante y un entorno social y afectivo favorable van a ser las claves de su salud.



viernes, 14 de octubre de 2011

Menopausia II. Otra vez nosotras!

Otra vez nosotras

La pérdida de memoria es uno de los síntomas que aquejan muchas mujeres en la menopausia.

Parece ser que el déficit de estrógenos que precede a la menopausia podría tener relación con un déficit de neurotransmisores: la norepinefrina, la serotonina y la dopamina son neurotransmisores claves en la memoria y el aprendizaje. Se conoce con seguridad que el déficit de estrógenos está relacionado con un déficit de serotonina, por eso los primeros síntomas de menopausia son las alteraciones en el humor, la irritabilidad, la tristeza, es decir desequilibrios emocionales que nos hacen irreconocibles hasta para nosotras mismas.

En mi consulta día a día veo cómo la mujer cada vez se cuida más. Ha tomado un papel activo en su salud, hace ejercicio, cuida su alimentación, se regala tratamientos estéticos faciales y corporales. Pero parece que la salud mental es una especie de suerte. Creemos que debemos resignarnos a nuestro destino ¿Nos tocará o no sufrir pérdida progresiva de memoria, demencia, tal vez Alzheimer?

La buena nueva de la fisiología moderna es que el cerebro tiene el potencial de permanecer activo y concentrado, sólo tenemos que usarlo. Si optimizamos la habilidad de nuestro cerebro, mejoramos nuestra concentración y aumentamos nuestra memoria, tendremos mayor calidad de vida en nuestro otoño y podremos añadir más vida a los años. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Por dónde empezar?

En primer lugar: abandona hábitos tóxicos. Los vapores del alcohol, nublan la memoria. Cannabis y éxtasis no son buenas compañeras. El tabaco ahuma la memoria. Metales pesados, plomo (circulación de automóviles) y mercurio (aditivos de vacunas y alimentos, desodorantes y cosméticos) se fijan al cerebro. Los contaminantes orgánicos persistentes de los pesticidas, las dioxinas del pescado… Algunos dependen de ti, otros es difícil esquivarlos viviendo en una gran ciudad. Acostúmbrate a seguir una alimentación biológica, libre de pesticidas. Lee el prospecto de los cosméticos. Y para contrarrestar ingiere cada mañana algún compuesto de algas verdes como la clorella que es un quelante de metales pesados.


Otro gran enemigo de la memoria es el estrés. Los niveles altos de cortisol que muchas mujeres presentan son debidos a las exigencias que la sociedad y nosotras mismas nos hemos impuesto, en aras de la igualdad  (o lo mal que nos lo hemos montado…).Chicas, que igualdad no es ser la mejor en nuestra empresa, una súper mami y la más sexy de las compañeras, que no damos para tanto… Cómo vas a recordar dónde dejaste las llaves al llegar a casa si antes de quitarte el abrigo ya pusiste una lavadora mientras dejabas caer las bolsas de la compra?

Regálate más tiempo,¿Por qué no empiezas a hacer ejercicio? El yoga es ejercicio cuerpo-mente. Particularmente recomiendo el yoga Kundalini, y el naad yoga, con sus mantras con poder regenerador por las ondas vibratorias. Estudios americanos demuestran cómo el entonar mantras eleva el ánimo y la capacidad de atención y qué zonas de funcionamiento cerebral se estimulan.

La relajación es un bálsamo para las células del cerebro. El estrés bloquea la mente. Incorpora ejercicios de respiración pranayama y relajación a tu vida cotidiana, haz algún break y verás cómo aumenta tu capacidad mental!


Pienso que la medicina oriental tiene más recursos que la nuestra y debemos incorporar estas prácticas terapéuticas así como su farmacopea.
Hablemos de un árbol milenario procedente de Asia Oriental: Ginkgo Biloba, una de las plantas más fascinantes de la tierra:




Este árbol lleva en nuestro planeta desde la prehistoria y siempre ha ejercido, a modo de hechizo, un poder de atracción sobre mucha gente. En Japón tiene una larga tradición y un valor simbólico muy especial, siempre lo encontramos en la mayoría de los templos.
Sus hojas tienen una bonita forma de abanico bilobulado, por eso a esta especie de Gingko se le llama “biloba”. Sus hojas caducas adoptan tonos ocres preciosos en otoño, lo que hace de un paseo debajo de estos árboles en otoño algo mágico que constituye un regalo para los sentidos y la mente. 

Y es precisamente aquí dónde radica el poder terapéutico de este planta. En los años 90, científicos de Schwabe descubren que en las hojas de Ginkgo se encuentran sustancias que no existen en ninguna otra planta,: las ginkgoflavonas, gingkólidos A,B y C y los Bilobálidos. Estas sustancias aportan más energía al cerebro e inhiben la formación de radicales libres de oxígeno que dañan a las mitocondrias y aumentan la capacidad cognitiva y la memoria, pero además mejoran nuestro estado anímico al aumentar los niveles de neurotransmisores que disminuyen de modo fisiólogico con la edad. Y lo más esperanzador es que los últimos estudios desvelan un poder preventivo sobre la enfermedad de Alzheimer.

Estamos pues ante un fitofármaco, el EGb 761 ® más vendido en el mundo y del que más estudios científicos se han hecho, ya que la esperanza de vida va en aumento, pero también las enfermedades neurodegenerativas.

No olvides cuidar tu alimentación e incorporar alimentos ricos en Vitamina C (kiwi, perejil, brócoli, cítricos), Vitamina E (frutos secos, girasol, caballa, espinacas), Vitaminas B (germen de trigo, levadura de cerveza, ácido fólico (nueces, algunos quesos, yema de huevo), Hierro (almejas, moluscos, cacao, lentejas), yodo (sal yodada), soja ( efecto neuroprotector en todas sus variantes, germinada, leche y yogurt, tofu…). Come más fruta y verduras y menos carnes rojas. Pescado azul, mejor pequeño (caballa, boquerón, sardinas, tres días por semana).

Haz ejercicio, al menos camina una hora diaria, descubre el yoga! Baila: el movimiento también entrena el cerebro. La coordinación necesaria para bailar, realiza sobre el cerebro el mismo estímulo que resolver problemas difíciles, pero además nos oxigena, acelera el pensamiento y las señales pasan con más rapidez.

Evita la rutina y el aburrimiento: mantén las redes neuronales de tu mente activas. Es el mejor plan de jubilación mental que existe, lo que llamamos neuroplasticidad neural. Comienza actividades mentales nuevas, aprende algún idioma. Renueva tus recorridos a pié. Asiste a conferencias. Vive nuevas experiencias, mantén la curiosidad y el entusiasmo por aprender cosas nuevas. Disfruta de hacer algo interesante para ti y, sobre todo, aporta entusiasmo positivo a tu vida.

Dedica 10 o 15 minutos a un plan de entrenamiento mental activo al día, algún tipo de ejercicio mental. Recuerda que la salud mental es la base de todo y la mejor protección de las enfermedades neurodegenerativas es el ejercicio mental. Verás como esta inversión da más rendimiento en los aspectos más hermosos de la vida.
Aumenta tus contactos sociales, viaja, oblígate a vivir nuevas experiencias, conoce nuevos amigos…

Las claves: sorpresa, excitación emoción y fantasía. Sorprende a tu cerebro, hazlo reír, déjalo perplejo, rétalo y no te olvides de utilizar los aspectos más bellos de la vida para ello, y sobre todo recuerda que lo mejor está por llegar.

Bibliografía recomendada:


. Dr. Dharma Singh Khalsa. “Rejuvenece tu cerebro” Ed. Urano.
. Dra, Danielle Vautrin “Una memoria Perfecta”. Ed. Hispano Europea.
. Dr. Deepak Chopra. “Mentes sin edad, cuerpos sin tiempo”. Colección Vivir con Plenitud
. www.mentalactivo.com






domingo, 9 de octubre de 2011

Estrés y síndrome metabólico ¿están relacionados?




Estrés y síndrome metabólico:
 epidemias del S. XXI


Parece que nuestra vida está programada genéticamente y que todos estamos predestinados a nuestro final, independientemente de los hábitos de vida que llevemos. Si esto fuese así, la medicina preventiva, como es la medicina biológica, no tendría ningún sentido. Aunque todos conocemos longevos que han llevado malos hábitos de salud, siempre hay algo en el entorno que ha contribuido a esa longevidad (aire, agua, vivencias) y casi siempre ha habido una vida emocionalmente rica y falta de estrés.

La actual situación económica, es estrés psicoemocional, el estrés fisiológico producen en la población una tendencia al hipercortisolismo crónico (aumento de cortisol mantenido). Suelen acudir a la consulta por un aumento progresivo de peso y aunque se han sometido a múltiples tratamientos, no han obtenido el resultado esperado.

En pacientes con tasas elevadas de cortisol debido al estrés suelen presentarse signos y síntomas de síndrome metabólico: aumento de azúcar con resistencia a la insulina, hipertensión arterial, aumentos de colesterol y triglicéridos, aumento de grasa abdominal y sobrepeso, marcadores de inflamación. Es decir, todos los factores de riesgo para desarrollar enfermedad cardiovascular.
En hombres perímetros abdominales >100-105 y en mujeres >80-85, aumentan la posibilidad de desarrollar un síndrome metabólico.
Y, paradójicamente, en ocasiones, los resultados con ejercicio y dieta no son los esperados!

¿Por qué el estrés crónico puede causar un síndrome metabólico?

El sistema nervioso simpático libera adrenalina y noradrenalina que aceleran el ritmo cardíaco, la tensión arterial y aumentan el flujo de oxígeno al cerebro y los músculos ante una situación amenazante o de estrés. El eje neuroendocrino hipotálamo-hipófisis-suprarrenal aumenta la síntesis de CORTISOL y moviliza la GLUCOSA, nutriente esencial del cerebro y el músculo. Pero cuando esta situación de estrés se cronifica, es decir, permanece aún habiendo desaparecido la situación de miedo o peligro y deja la sombra de la ansiedad crónica, esto puede desequilibrar el sistema emocional, hormonal y cardiovascular.

Hay tres áreas cerebrales donde actúa el estrés:
-          El cortex prefrontal: que libera el neurotransmisor dopamina. Encargado de procesar la información, el lenguaje y el aprendizaje.
-    El hipocampo: donde se procesa la memoria a largo plazo y se analiza emocionalmente la información que concierne al factor estresante.
-  El cuerpo estriado: donde se fijan los aspectos emocionales de la experiencia.



Como consecuencia de una situación mantenida de estrés, el exceso de cortisol va a deteriorar la función cognitiva, causando pérdida de memoria y un exceso de glucemia a nivel sistémico (por resistencia a la respuesta insulínica) causante del aumento de peso y grasa abdominal y, paradójicamente un déficit de glucosa a nivel cerebral con disminución de neurotransmisores (serotonina, dopamina, noradrenalina, acetilcolina) y una desregulación del eje endocrino, productor de hormonas y vínculo principal entre mente y cuerpo. La bioquímica de nuestro cerebro en una situación de estrés crónica va a ser la causa de modificaciones hormonales que a su vez van a influir en el control emocional de la persona que padece estrés crónico: existe una unidad indivisible mente- cuerpo. No podemos disociar los síntomas físicos de los factores emocionales. Nuestros tratamientos son holísticos mente-cuerpo.

“Dra, a mí los nervios me engordan, porque comer, comer, no es que coma mucho...”

Al alterarse el control del centro regulador del apetito a nivel central, en el hipotálamo, que es el que sintetiza los precursores hormonales y está relacionado con el sistema nervioso simpático (adrenérgico) va ha haber una hiperfagia o mayor pulsión por los alimentos, especialmente los hidratos de carbono de índice glucémico más elevado, que son los que más engordan, y una disregulación del tracto digestivo, del páncreas (insulina) de las suprarrenales (cortisol) del tejido adiposo (aumento de grasa abdominal) y de los músculos, todo ello controlado por el sistema nervioso autónomo o vegetativo. Como decía, cuando el hipotálamo se disregula, empieza a haber resistencia a la insulina y aumento de glucosa que se va a acumular en forma de grasa en los adipositos y una cascada de fenómenos entre los cuales se encuentra un descenso del metabolismo basal con aumento progresivo de peso que llevará a un síndrome metabólico.

“Dra. Que tengo todos los números, mi madre diabética y mi padre infarto de miocardio”

Qué es más importante, la epigenética o la nutrigenómica? Sí controlamos el exceso de cortisol con fitoterapia, terapia ortomolecular, medidas de gestión del estrés y modificamos hábitos de vida como alimentación sana y ejercicio físico regular, podemos prevenir el sindrome metabólico aunque estemos genéticamente sentenciados.
Las medidas correctoras del estrés, como el resto de la terapia, ha de ser absolutamente personalizadas, no podemos protocolizar a nuestros pacientes, cada uno ha de encontar su camino:

-   El ejercicio aeróbico: desarrolla el hipocampo cerebral y favorece los procesos de aprendizaje y memoria, aumentando el rendimiento intelectual. Al “oxigenar” nuestro cerebro, favorecemos las conexiones neuronales. Bailar es un método divertido de hacer ejercicio. La neuroplasticidad neuronal que se produce durante la ejecución del baile o una coreografía es similar a la que se prduce al reliazar una operación mental.



-  Yoga: enseña a respirar. La práctica del pragnayama o ejercicios respiratorios como la respiración de fuego en yoga Kundalini ayudan a “oxigenar” el cerebro, nos cargan de energía y controlan el estrés.
-          Correr: sabemos que la bioquímica del cerebro cambia después de 10 min. de running, liberamos dopamina y norepinefrina en períodos más cortos de ejercicio.
-          Musicoterapia: es un bálsamo para el cerebro.

Una vez hemos encaminado a nuestros pacientes a encontar su vía personal de gestión del estrés, vemos cómo enfocar el tratamiento ortomolecular dependiendo de los resultados analíticos (aminoadograma, neurotransmisores y sus metabolitos en orina de 12 h., cortisol en saliva...) de cada uno. Con tratamiento ortomolecular podemos dar precursores de los neurotransmisores alterados:

El estrés crónico y el envejecimiento precoz que produce causan déficit de serotonina que se traduce en trastornos de humor, aumento de ansiedad y agresividad, problemas de atención, tendencia a ala compulsión alimentaria y picoteo, déficit de melatonina y trastornos de sueño. Cuando normalizamos los niveles de serotonina lo hacen el humor y la capacidad de sentir placer por la cosas cotidianas y regulamos la sensibilidad al dolor. La regulación de los niveles de noradrenalina, modula la respuesta al estrés, el humor y aumenta la función cognitiva (atención-concentración-aprendizaje)
Al regular los niveles de dopamina, neurotransmisor clave en la motivación, lo hace la atención y se tonifica al sistema nervioso.
La normalización de Acetilcolina, neurotransmisor clave en las emociones del sexo y en la memoria y procesos de aprendizaje, hace que la función cognitiva mejore así como la coordinación muscular.

Vemos que la regulación del cortisol (estrés) va a regular el nivel de neurotransmisores, claves en el control del sistema endocrino. Por eso las personas expuestas a estrés crónico tienen disminuidas las funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje, duermen mal y, además, aumentan de peso, siendo más vulnerables, también, a las infecciones porque el sistema inmune está sometido a la misma regulación central.

Una vez tenemos el diagnóstico de estrés crónica apoyándonos en los datos analíticos y en la historia de vida del paciente, que comprende su historia clínica y su trayectoria vital (incluyendo las “huellas” emocionales y el entorno), le proponemos una actuación terapéutica personalizada, en la que él/ella van a ser los protagonistas: no se trata de que dejen en nuestras manos su enfermedad, sino de que “juntos”, ellos y yo, abordemos su salud.
Terapia ortomolecular, sí, pero personalizada.

Si sospechamos que el cortisol ha provocado un estado inflamatorio neuronal, los ácidos grasos omega 3, son imprescindibles. El mantenimiento de los lípidos de las membranas del tejido neuronal es necesario para una correcta neurotransmisión.

Según sea el perfil de aminoácidos que obtenemos en los estudios analíticos, pautaremos los aminoácidos deficitarios: isoleucina y valina para la síntesis de Tirosina (precursor de Dopamina y Noradrenalina), catecolaminas de buen estado anímico. Triptófano para la síntesis de Serotonina (y melatonina, reguladora del sueño).

Magnesio en forma de quelatos para regular el equilibrio ácido-base, el estado de tensión muscular y la hiperactividad nerviosa. En ocasiones debemos asociarlo a Zinc, Cobre y Manganeso (oligoelementos antioxidantes) o a Cromo (hiperglucemia y pulsiones azucaradas).

Las vitaminas del grupo B: B1 precursor de acetilcolina (atención y memoria), B9 para la fatiga intelectual (síntesis de GABA y Serotonina), B12 para mantener un  cerebro dinámico.
Me confieso enamorada del extracto estandarizado de Ginkgo Biloba EGb 761 (R) para el deterioro de la función cognitiva causado por el estrés o problemas circulatorios cerebrales. 


Es un fitofármaco que utilizo en tratamientos antiaging y en pacientes sujetos a estrés crónico porque mejora los niveles de cortisol y normaliza el de los neurotransmisores. Avalado por numerosos estudios científicos, se ha demostrado que sus componentes Kaempferol, quercetina e Isorhamnetiona  actúan a nivel de Córtex prefrontal y mejoran la memoria a corto plazo, A nivel de Hipocampo mejorando la memoria a largo plazo y sobre el cuerpo estriado mejorando la atención y los efectos del estrés. Produce un reequilibrio emocional, y permite tratamientos prolongados  y seguros cuando está bien indicado siendo para mí muy útil en pacientes preocupados por mantener la función cognitiva en tratamientos preventivos que persiguen conseguir una madurez saludable.

Conclusión:

Estamos ante una población que ha ido aumentando su esperanza de vida, pero que ha cronificado patologías, que lleva una vida sedentaria y una alimentación inadecuada y que sufre estrés de modo crónico. Son pacientes que nos llegan polimedicados, y entre los fármacos que más gastan,  los psicotropos.

Afortunadamente una nueva ola de población a la que preocupa no el añadir años a la vida, sino vida a los años y quieren vivirlos con calidad , que buscan una medicina preventiva y más natural y personalizada, que prefieren la fitoterapia, la terapia ortomolecular y que se preocupan por la dietética y que entienden que “somos lo que comemos” y aceptan que el primer medicamento ha de ser nuestro alimento, está surgiendo. Para ellos la gestión del estrés, la alimentación, el ejercicio físico moderado pero constante y un entorno social y afectivo favorable van a ser las claves de su salud.La gestión del estrés, la alimentación, el ejercicio físico moderado pero constante y un entorno social y afectivo favorable van a ser las claves de su salud.



(C) Dra. Inma González para Médicos y Medicinas.
Centro Medicina Biológica Novadona (Barcelona)
Tel. 93 419 86 76
Master Medicina Estética UIB
Experta en Homeopatía CEDH
Master Terapia Neural UB
Experta en Micronutrición Celular Activa

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